Gracias a esta pequeña distinción de método, científicos de la
Universidad de California Los Angeles (EEUU) han logrado arrojar
nuevas claves sobre el origen del cáncer de próstata.
Las células que componen la próstata masculina pueden dividirse, a
grandes rasgos, entre luminales y basales.
Las primeras son células ya maduras (bien diferenciadas), encargadas
de segregar el antígeno prostático específico (PSA); mientras que
las células basales están más indiferenciadas. Esto les permite
ejercer funciones de 'célula madre', lo que significa que pueden
proliferar para renovar el tejido prostático.
Hasta ahora, la mayoría de estudios consideraba que el origen de un
tumor prostático había que buscarlo en las células luminales, cuyas
características al microscopio se asemejaban más a las tumorales.
Sin embargo, según se desprende del estudio de Owen Witte que acaba
de publicar la revista 'Science', parece que el origen de la
enfermedad hay que buscarlo en sus compañeras, las células basales.
Para comprobarlo, tomaron muestras sanas de ambos tipos celulares.
En el laboratorio, las manipularon con el objetivo de que expresasen
ciertos oncogenes que hiciesen de ellas células malignas. Una vez
transformadas, las injertaron en el organismo de varios roedores de
laboratorio y comprobaron que eran las células basales las que
dieron origen a la formación de tumores de próstata.
"Este hallazgo nos permite entender la secuencia que da lugar a los
eventos genéticos que desembocan en un tumor prostático y definir
las vías de señalización impulsan todo el proceso", afirma el
principal investigador del estudio.
A su juicio, parte del éxito de su descubrimiento radica en haber
seguido la evolución de las células desde el inicio, en lugar de
trabajar con unidades ya malignizadas. "Antes sabíamos que eran
células tumorales, pero no cómo habían llegado hasta allí.
Trabajando con unidades sanas que malignizan podemos estudiar todo
el proceso y desarrollar mejores herramientas diagnósticas y
predictivas".
Por ejemplo, añaden, hasta ahora se toma el aumento del PSA (secretado
por las células luminales) como un posible indicador de que se está
originando un tumor en la glándula prostática. "Sin embargo,
sabiendo que el origen puede estar en las basales, ahora podremos
tratar de identificar qué marcadores emiten éstas en las etapas
premalignas; y tal vez así descubramos nuevos indicadores para el
diagnóstico precoz de la enfermedad", concluyen.