El Metro de Santo Domingo, inaugurado por el presidente Leonel
Fernández el 28 de enero de 2009, ha servido no sólo para mejorar el
transporte de pasajeros y bajar los niveles de contaminación
ambiental, sino también para educar a la población.
Miles de
personas que diariamente utilizan el Metro de Santo Domingo para
dirigirse a sus lugares de trabajo, de estudios o para realizar
diligencias, se acogen a un código de comportamiento que no se
observa en otros sistemas de transporte masivo en el país.
Dentro del Metro los pasajeros no hablan ni escandalizan, no
comen, ceden los asientos a los ancianos, niños y minusválidos; no
tiran desperdicios, no rayan los vagones y si escuchan música lo
hacen con los auriculares puestos.
Ese código de conducta es aplicado por los usuarios en el pago
de boletos, recarga de tarjetas, abordaje y salida del Metro, ya que
hacen fila sin intentar sobrepasar a la persona que está delante.
Pese a que la obra fue puesta en funcionamiento hace tres años,
todavía no se ha detectado el primer grafiti en ninguno de los 19
trenes Alstom Metrópolis 9000, de tres vagones cada uno.
Estos aparatos de última generación, dotados de aire
acondicionado, sistema de vigilancia por circuito cerrado y de
información a los pasajeros, se mantienen siempre limpios, pese a
que diariamente transportan cerca de 355 mil pasajeros de todas las
capas sociales.
En las 16 estaciones que tiene esta línea del Metro de 14
kilómetros y medio, que van desde Villa Mella hasta el Centro de Los
Héroes, no se observa basura ni daños físicos a la estructura y los
usuarios se comportan con civilidad.
En este sistema de transporte no se ve a nadie tomando jugos o
comiendo sándwiches, pica pollo, empanadas, bizcochos u otros
alimentos.
La gente evita abordar el Metro con bultos grandes, o con
mascotas, especialmente perros y gatos, lo que es muy frecuente en
el transporte público de las ciudades.
Otra muestra de educación es que generalmente los pasajeros ceden
los asientos a las personas mayores, mujeres embarazadas, niños e
impedidos físicos, sin que los miembros del Cuerpo Especializado del
sistema tengan que intervenir.
Cuando alguien aborda el Metro oyendo música en su teléfono
celular, un MP3, MP4, iPod, u otro equipo, se coloca los auriculares
para no molestar a los demás y acatar una de las reglas del sistema.
Mucha gente criticó que el Gobierno invirtiera 735 millones de
dólares en una línea del Metro de apenas 14 kilómetros y medio,
alegando que en pocos meses sería invadido por vendedores de
chicharrones, naranjas, dulces, empanadas y cuantas cosas se pueda
imaginar.
Pero no ha sido así. El Metro de Santo Domingo se ha convertido
en una especie de escuelita en la que hasta los “palomos”,
“menores” y “jevitos” observan un comportamiento de urbanidad que
se ha convertido en una norma.